Por: Andrea Turchi
Mucha gente suele quedarse sentada muda en una reunión aunque piense “esto no va ni para atrás ni para adelante”. Algunos salen de encuentros parecidos culpándose por no haber hablado, no haber dicho lo que opinaban… Otros aún estado en desacuerdo con alguien prefieren callarlo, evitando ser “el de la vereda de enfrente”, hacer olas, o quedar al descubierto.
Y, callando, no sólo logran sentirse frustrados sino que también, como dice el dicho, otorgan. Impiden que los temas se discutan, que se vean nuevas perspectivas, que se abra el juego en un círculo virtuoso de habilitación y aprendizaje.
Aún costando
Aunque cueste, decir lo que se piensa, aún cuando sea algo en desacuerdo, que desafía o se contrapone a lo que otros pueden estar diciendo, tiene grandes beneficios, tanto para el desarrollo profesional como para la inclusión en la dinámica organizacional.
Compartir las opiniones y pensamientos hace que uno se vuelva visible, que los demás lo perciban en acción.
Las reuniones, los encuentros de trabajo, necesitan que se desarrolle un proceso colaborativo de generación de significados para tener sentido y ser útiles.
Los comentarios se van sumando unos a los de los otros, los diferentes puntos de vista amplían la percepción de todos, y de allí saldrá una dirección a seguir, una decisión a tomar, un resultado concreto o un plan de acción. Ser parte activa de esa mezcla productiva requiere sumarse activamente a la conversación, se esté a favor, en contra, o a medio camino.
Y estar en desacuerdo, cuando se maneja apropiadamente, es algo que se valora cuando aporta, abre posibilidades, muestra una posibilidad distinta, desafía opiniones cerradas.
Para recordar
Para gestionar adecuadamente, es decir tanto positiva como productivamente, el no compartir la misma opinión en público, es bueno recordar:
• Escuchar. Para tener una opinión diferente sobre algo se necesita conocerlo, estar al tanto. Escuchar atentamente habilitará reconocer en qué se está en desacuerdo, si es en la forma, la oportunidad, el contenido…si es con respecto a parte de lo que se dijo … Concentrarse en escuchar también ayudará a controlar golpes de adrenalina, emociones fuertes o reacciones , y evitará malentendidos, suposiciones o equivocaciones. Lo escuchado dará base a poder devolver lo comprendido antes de volcar la propia opinión, y la actitud de intentar entender antes de acordar se recibirá bien y ayudará a que todos escuchen.
• No disfrazar. No intentar disfrazar un desacuerdo con roles de abogado del diablo, intentos disimulados de generar alianzas, perspicacias susurradas o cualquier estrategia que no sea comunicar clara y directamente, con buenas maneras, lo que se piensa.
• Validar. Aunque se esté en desacuerdo con lo que la otra persona está proponiendo, considerarlo un interlocutor válido, alguien con quien no sólo se puede sino que se necesita dialogar para generar un significado común, habilitará una comunicación íntegra, respetuosa y habilitante. Eso también ampliará la posibilidad de percepción de ambos y evitará que se levanten defensas que impidan un intercambio positivo.
• Fundamentar. Dar bases claras a lo que se dice en contraposición a otras ideas. Trabajar a partir de razones y no de explicaciones. Brindar material que pueda ser analizado para ser entendido. En lo posible, elevar de nivel la conversación para que no sólo no sea un mero contrapunto, sino que también agregue valor, posibilite aprendizajes, desafíe a crear nuevos conceptos.
• Ser flexible. No aferrarse al propio punto de vista, ir más allá de la primera impresión y evitar llegar al encuentro con presupuestos atados a la percepción. Dar lugar a otros a partir del propio planteo. Si no se está seguro de lo que molesta plantear un pedido de aclaración para poder contar con datos ciertos. Y si luego de comunicar el desacuerdo, la explicación del otro convence, manifestarlo honestamente y seguir el diálogo a partir de ese reconocimiento.
• Compartir. Comunicar lo que se piensa como forma de aportar la propia experiencia, conocimiento, capacidad perceptiva. Al hacerse visible , mostrarse como un recurso para todos, facilitar las réplicas, instalar un modo conversacional de intercambio. Alentar la participación desde el propio ser parte de una manera directa, congruente y personal.
• Preguntar. Las preguntas pueden ser un buen recurso a la hora de generar un nuevo espacio de pensamiento luego de haber planteado un desacuerdo. ¿Cómo podríamos tratar el problema de manera diferente? ¿Qué otra solución podemos buscar?
Participar desde el compromiso es poder aportar el propio pensamiento, oportuna y claramente. Sea esa opinión del color que sea, será el contenido que lleve, la forma en que se exprese y el lugar desde el que se la vuelque lo que pesará más.