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Por: Andrea Turchi

¿Cuál es la magia que hace que las personas se sientan impulsadas a entregar energía y esfuerzos extras y a involucrarse con entusiasmo y compromiso en el trabajo? ¿Qué es lo que falta cuando la remuneración, el espacio laboral, los beneficios, están satisfactoriamente cubiertos, y aún así, no alcanzan para motivar a los empleados?
Derivada de los términos latinos motus (movido) y motio (movimiento) la palabra motivación está íntimamente relacionada con la realización de acciones y la persistencia en ellas hasta que los objetivos se cumplan. También, se refiere al ejercicio de la voluntad y a la manifestación de interés por una tarea.
“Es algo personal. Está el que pone todo de sí, esté en el puesto que esté y sean cuales sean las condiciones de trabajo”. “Y hay gente a la que podés darle todo, y no van más allá del mínimo esfuerzo”.

Dos caras

Es que en el desarrollo diario, en el hacer laboral, el tema tiene dos caras claramente definidas. Una interna, individual, y otra externa, organizacional. Por más que se cuente con la intención, los recursos y la disposición, no se alcanza a motivar solamente desde afuera. Y en un marco inconsistente, que haga arduo el trabajar, de mal clima o de desinterés, hasta la motivación más fuerte se cae.
Es necesario un trabajo conjunto, de articulación de necesidades, aporte de actitudes y sostén de relaciones. Qué encuadre, alimente y desarrolle algo tan natural como difícil de demostrar: el reconocimiento.

Sentir

Y ¿Cómo se siente ese reconocimiento laboral? En líneas generales, viviendo situaciones en las que:
- Se es justamente tratado. No hay injusticias palpables ni implícitas. No hay favoritismos y el trato diferencial tiene relación con tareas, puestos de trabajo o jerarquías pero no con discriminaciones, alianzas inadecuadas o elecciones desfavorecedoras.
- Se trabaja acompañado. Uno se siente parte de un equipo, tiene con quién comentar lo hecho, hay un clima de camaradería. Es posible dialogar, hay espacios y momentos de encuentro, se puede consultar. Y si se trabaja en soledad, hay un contacto esporádico, se puede recurrir a una comunicación cuando se necesita, se sabe y puede constatarse que hay alguien a disposición.
- Se ocupa un lugar en la estructura. Se conoce el puesto que se ocupa y las responsabilidades que le competen. Y los demás lo reconocen e interactúan desde ahí en la realización conjunta de sus tareas. La ubicación en la organización se conecta directamente con la identidad personal, y sentir que no se tiene lugar, espacio o área de acción se parece a sentirse invisible o desapercibido.
- Se forma parte de un proyecto. Sentirse parte de un plan mayor da seguridad y sentimiento de pertenencia. Habilita la participación, el compromiso y la cooperación. Cuando no hay claridad de objetivos, no se ve un futuro claro o no se comprende cómo se avanza, cuesta involucrarse. También si uno se queda fuera del circuito informativo, y no se entera de lo que pasa.

Aprecio

- Lo que se hace, sirve. Hacer inútilmente, que lo hecho sea descartado, o que no sea vendido, no forme parte de lo pactado, crea desazón y si se repite, hartazgo. Ya sea que la tarea personal no sea considerada importante, que sea alterada permanentemente con cambios de consigna, o que no pueda realizarse adecuadamente por falta de claridad y precisión, transforma el hacer en algo inútil, lo que angustia, desgana y desmotiva.
- El aprecio se comunica. Cuando las evaluaciones son periódicas y abiertas, se habla de lo que se hace y se dice lo que debe corregirse  y también lo que se hizo bien,  el personal se siente respaldado, acompañado, guiado.  Cuando se reconoce no sólo el esfuerzo, sino también el hacer con ganas, la naturalidad y la dedicación, el saber hacer y el hacer bien, se crea un clima de apreciación que favorece la acción y el compromiso.
- Se comparte el crédito. Se respetan las autorías, se comentan los logros, se firman los trabajos. Cada uno recibe el crédito que le corresponde y nadie se hace cargo del trabajo de otro. Esto requiere honestidad, apertura y también cuidado y compromiso, porque muchas veces no reconocer el trabajo de otro no pasa por querer ocultarlo o robarlo, sino por no tenerlo claro y recordar mirarlo y comunicarlo.

Tragicomedia

El hombre cebaba mate en el medio del taller, pero nadie sabía, ni él mismo, a qué sector pertenecía, de quién dependía o cuáles eran sus tareas. Cada uno de los jefes de sección, al ser consultado al respecto, comentaba algo parecido:
Me lo trajeron para que lo probara pero acá no tenía trabajo para él…no sé muy bien para qué… no me explicaron… Yo ví que acá no y lo pasé…
Según la historia, el señor había pasado de una a otra sección, no había quedado en ninguna, y ya hacía que estaba ahí como tres meses y  tampoco se había ido del todo… Desnudaba, allí, en ningún lugar y en medio de todo, la falta de reconocimiento organizacional.

Autoreconocimiento

Tres hombres estaban trabajando en la construcción de un edificio. Un turista recién llegado al pueblo se acerca y les dice: '¿Puedo preguntarles qué están haciendo?'. El primer obrero, casi sin inmutarse, le responde: 'Aquí estoy poniendo ladrillos'. El segundo, alzando la cabeza y suspendiendo por un momento la actividad, le explica: 'Estamos construyendo un muro'. Con otra actitud frente a su hacer, el obrero restante afirma: 'Construimos la iglesia de mi pueblo'.

Comentarios 

 
#2 Lo que s ehace sirveAnita 17-01-2012 10:27
Para mi eso es fundamental. Si te cambian los tantos a cada rato, te desvalorizan lo que haces, no te dan ganas, soltás el compromiso y empezas a sufrir el trabajar ahi. Buenisimas las columnas aca y en la radio!
 
 
#1 Doy feFederico 17-01-2012 10:25
Yo también vi al señor del taller...y te agradezco esta mirada que me permite ver lo que hace la falta de reconocimiento. Tengo mi propia empresa y voy a actuar distinto.
 

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