Por: Andrea Turchi
La mayoría de las personas cruza la bisagra del cambio de año declarando buenos propósitos. Sin embargo, aunque la motivación y el entusiasmo se sostengan más allá del brindis, modificar las costumbres arraigadas, iniciar nuevos caminos de hacer lo habitual, o emprender algo diferente no resulta fácil ni sencillo. En líneas generales, el problema suele ser que:
- Se descansa sólo en las ganas. Y no se planifica, tampoco se buscan recursos reales, ni se revisa la posibilidad de realización concreta del propósito.
n Se piensa demasiado ampliamente. Se intenta abarcar todo, se salta muy adelante, y es complejo dar los primeros pasos, asegurar un camino, accionar desde el ahora.
- No se tiene en cuenta que aún los cambios positivos pueden resultar incómodos. Requieren salir de la zona de seguridad, comprometerse con la reiteración de acciones, y llevan tiempo y esfuerzo.
- Se lo vive íntimamente. No se construyen redes de sostén, no se explica de qué forma se van a ver impactados o comprometidos los demás. El propósito, por temor a ser juzgados, empujados, molestados, se mantiene en el secreto, y así resulta más fácil abandonarlo o pedir pido de tanto en tanto.
La mayoría de los buenos propósitos, de esas declaraciones de intención, pueden traducirse en la necesidad de construir hábitos nuevos y descartar los viejos. Ocurre que lo habitual se hace naturalmente, y para construir diferente hay que pensar, decir y hacer, consistente y comprometidamente, pero, al menos en un inicio, de manera un tanto artificial.
¿Cómo sostener y transformar en un proyecto realizable esas buenas intenciones que se alumbran al calor de los buenos encuentros y los brindis? ¿Cómo se crean las condiciones para nutrirlas y lograr que crezcan en acciones congruentes?
Empezar chiquito
Hacer algo que parezca fácil, que se pueda lograr, que no sea tan disruptivo del devenir actual. Construir un propósito simple ayudará a construir confianza, desarrollar experiencia, poder validar el propio esfuerzo y contar con un logro. Pasar a dos tostadas en la mañana es más simple y realizable que dejar de comer harinas. Poner un horario para chequear los mails en la oficina es más abarcable que lograr que nadie mire los correos.
Dar un paso a la vez
Dar un pequeño paso y repetirlo una y otra vez el tiempo suficiente como para que se instale. Cuando se trata de que otros cumplan con determinados propósitos nuevos, se hace necesario que sean fáciles, breves y que no requieran mucho esfuerzo. Proponerlos, validarlos y acompañarlos desde la comprensión y el compromiso ayudará a que se transformen en procesos habituales.
Entregarle tiempo.
Hace falta repetir la experiencia, involucrarse en un proceso de aprendizaje, sostener el proceso aún cuando los resultados no sean visibles para lograr resultados, si, pero también para abrochar el hacer a la continuidad. Aunque la teoría dice de 4 a seis semanas, el tiempo varía de acuerdo a la forma personal de adquisición de comportamientos.
Diseñar un patrón de realización
Si se revisan hábitos adquiridos, se podrá encontrar el patrón de desarrollo y establecimiento. “Comencé por necesidad a ordenar el espacio de trabajo al llegar porque la gente del otro turno también lo usa…y ahora no puedo empezar a trabajar sin hacer eso antes”. “Al principio hacer una reunión por semana parecía una interrupción, pero lo sostuvimos y ahora es un modo de poner en común, compartir experiencias y tomar decisiones”. “Pusimos una planilla en la cámara y todos teníamos que anotar lo que se sacaba y lo que se colocaba ahí. Para no olvidarnos de hacerlo, un compañero puso una chicharra, que sonaba cuando cerrabas la puerta y así nos acostumbramos”. “Empecé caminando una vuelta a la manzana…dos semanas así, luego dos manzanas, otras dos semanas…ahora ya estoy en las 30 cuadras”.
Enlazar propósitos
Unir una actividad que va a costar más con una que dé placer, se quiera mucho se disfrute. Así, caminar u ordenar o ejercitarse pueden ser más abordables si se goza una buena música mientras tanto, se reciben lecciones de idioma o se escucha la lectura de un libro. Este tipo de alianzas entre acciones, ayudarán a sostener y facilitar la realización, y habilitarán un compromiso más genuino.
Medir resultados
No importa que no sean grandes, ni inmediatos, ni motivadores de aplausos. Conocer y poder mensurar los resultados que se logran no sólo será un modo de verificar avance sino también de tener información para la evaluación y la corrección de acciones.
Cuando el desarrollo de propósitos involucra, en el marco de organizaciones y grupos de trabajo a otros, comunicar esos datos con claridad y regularmente crea procesos de responsabilidad, facilita el seguimiento y la participación.
Un equipo de soporte
Crear nuevos hábitos requiere energía, enfoque, esfuerzo y deseos y compromiso por cambiar. Los demás pueden ayudarnos a sostener propósitos y a transformarlos en comportamientos habituales.
Habrá tiempos en que el aburrimiento, el letargo, el cansancio, hará necesario el acompañamiento de compañeros comprensivos, de buena escucha y el compromiso suficiente como para estar sin transformarse en cómplices.
Y la realización cotidiana será más fácil cuando se pertenezca a un grupo, se hable de lo mismo, se encuentren miradas de acompañamiento en el hacer.
Para ello hay que estar dispuesto a: comentar lo que uno se propone. Expresar claramente lo que se necesita y se persigue. Pedir ayuda precisamente. Establecer límites lógicos. Agradecer y valorar.