Por: Andrea Turchi
Aquello que se tiene habitualmente a la vista suele, por el peso de la costumbre, volverse invisible o, al menos imperceptible. Desocultarlo, hacerlo evidente, es una forma eficiente de recuperar control, solucionar problemas, evitar dificultades.
Sin embargo ¿cómo descubrirlo en medio el hacer cotidiano, cómo atraparlo en la vorágine de tiempos y tareas que se llevan puesta, con su urgencia, a la reflexión sobre lo que se realiza?
Tener asidero
¿De qué manijitas agarrar lo que de tan conocido se ha vuelto transparente? ¿Qué velos hay que levantar para poder ver, tocar y modificar lo que se hace “sin sentir”?
Veamos algunas estrategias:
- Renovar votos. Esto podría traducirse en no dar nada por dicho ni hace tiempo ni varias veces. En volver sobre instrucciones, procesos, formas de trabajo. También sobre lo que se propone, se espera del otro, se valora, se siente. No en una cantinela repetitiva de “yo te lo dije” si no en una revalidación que asegure, que permita un relacionarse diferente, que habilite nuevas preguntas, que abra camino al aprendizaje y al crecimiento.
- Coser botones. Agarrar el botón que recién se cayó (un error que se cometió, el proceso fallido que más duele, la queja del cliente que se repite) y pegarlo inmediatamente. Lugo asegurar el resto, de a uno, de todos los botones, estén flojísimos o no. Fijarse si hay grietas o están gastados, si ya se pasaron de moda o perdieron el color, si los ojales están agrandados y se desabotonan. Revisar una a una las fallas o errores y hacer de esto algo general sobre lo que se cree que funciona bien, abre la puerta a percibir no sólo problemas que no se veían sino a posibilidades nuevas, a cambios necesarios a modos nuevos de tratar lo habitual.
Correcciones
- Volver a escribir sobre el renglón. Esto es ajustar aquello que se ha ido “saliendo de línea” (planillas que se llenan a medias, datos que se guardan en papelitos y no se vuelcan en la planilla de cálculo que una vez se armó…) Lo que se aflojó, se alivianó, se puso desprolijo…lo que perdió la forma inicial o nunca la halló y necesita que le tracen debajo una raya a seguir.
- Acomodar cajones. Esta vieja receta que nos daban cuando decíamos “estoy aburrido” puede ser una buena manera de empezar a desocultar lo transparente. Poner orden, dar a cada cosa un lugar más adecuado. Tirar lo que ya no hay que guardar, reciclar o regalar lo que a otro le puede servir, recuperar cosas que se creían perdidas. Hacer un recuento y saber con qué se cuenta es la base de cualquier movimiento de negocio. A partir de eso se podrán decidir compras, ofertas o cambios, organizar el espacio, rediseñar puestos de trabajo…
Aperturas
- Contar la historia. Habilitar a que cada uno cuente su historia dentro de la organización y escuchar comprometidamente. ¿Cómo llegó? ¿Qué ha hecho a lo largo del tiempo? ¿Qué representa para el/ella trabajar o accionar acá? ¿Qué valora? ¿Qué otra cosa le haría falta? ¿Qué cree que se perdió? ¿Haría algo diferente? Las vivencias personales, la memoria viviente, es una fuente valiosa de información. Estarán aquellos que participaron en tiempos que consideran mejores en algo, y podrán enseñar, y ayudar a reciclar lo necesario. Y estarán los insatisfechos que demandarán desde sus reclamos cambios entre los que seguramente también habrá necesidades generales que atender. Y para los nuevos habrá un camino recorrido que muestra, que da marco, que invita, a recorrerlo en un modo actual.
- Limpiar telarañas. Revisar los rincones en donde se enredaron, desarmarlas no importa lo intrincadas que sean. Si son físicas, es decir obra de laboriosas arañitas, será el momento de pasar un trapo, o cepillos y limpiar. Una imagen renovada de los espacios de trabajo da bienestar, pero también seguridad, y amplía favorablemente el contacto con clientes y usuarios. Si fueron formadas por enconos no resueltos, conflictos implícitos o problemas nunca hablados, el trabajo será si no resolverlos, darles una oportunidad actual de ser solucionados. Ya sea por un corte, un perdón, la búsqueda de ayuda si no es abordable. Hacerlos visibles, bajarlos de los rincones en donde se alimentan de resentimientos, es una manera de lograr que con mayor o menor esfuerzo, desaparezcan y permitan nuevos pensamientos, mejores relaciones y acciones conectadas con proyectos. Si son telarañas de promesas incumplidas, hay que blanquear, reconocer, y establecer un plan de cumplimiento, arreglo o cierre.
Método
- Mantener limpios los anteojos. Y las orejas… Estar alerta aún en medio de la rutina. Revisar y reflexionar sobre el propio trabajo y también sobre la tarea compartida. Esforzarse en ver lo que se hace, en discutirlo, en trabajar sobre el trabajo. ¿Cómo mejorar? ¿Cómo ampliar posibilidades? ¿Cómo disfrutar y aprovechar más esto? ¿Qué podríamos anexar? ¿Cómo está funcionando? Esto no implica exceso de control, ni análisis permanente, sino un modo de hacer relacionado con la capacidad de aprendizaje, que apela a las posibilidades de estirarse, de avanzar, de crecer.
El cascabel al gato
Como ayuda para desocultar lo obvio, están, aunque molestas y hasta dolorosas, las quejas y reclamos de los consumidores, de los empleados, de los usuarios.
Lo que se repite, lo que se escucha con asiduidad, lo que no se dice pero se muestra, está señalando aspectos a descubrir, sacar a la luz y corregir.
También lo que ya no se tiene gusto de hacer, lo que aburre, lo que cansa, amerita una revisión. Para modificar y hacer más atractivo, para reciclar si puede hacerse de otra forma, para diseñar otro modo de hacerlo.
Lo que dicen los de afuera, aunque no se quejen. Los comentarios que hace la gente, lo que sugieren los amigos, lo que hace la competencia…
Utilizar esta información para enmarcar la propia y metódica revisión implicará comprometerse con el propio bienestar y crecimiento.