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Por: Andrea Turchi

Las cenas o encuentros que las empresas, asociaciones y grupos organizan para festejar el cierre del año son una ocasión para celebrar, compartir y reconocer lo logrado. Pero hay que cuidar de no dejar en el guardarropa, al entrar, las actitudes, coherencia y conductas que hacen que uno se desempeñe adecuadamente y se ubique en el ambiente laboral.
Aunque se cambie el escenario, se incluya a las familias y amigos, y se piense  a la celebración como un espacio para divertirse, las decisiones que se tomen y las acciones que se desarrollen tendrán consecuencias ineludibles en el ambiente laboral.

Sentido común

Esto no tiene que ver con comportarse de una manera diferente, con respetar reglas o  sentirse acartonado, sino con aplicar el sentido común, aprovechar la oportunidad y facilitar ese “día después” que ineludiblemente llegará.
Teniendo en cuenta, por ejemplo, que:
- Lo laboral se deja en la oficina.  No es la fiesta el espacio para hablar de trabajo. Hay que dejar de lado lo no resuelto, lo que debe corregirse, lo que ya no se debe hacer y lo que debe resolverse cuanto antes. Deberá charlarse, compartirse, transformarse en una tarea a realizar, en otro momento, al volver al trabajo. O debió exponerse antes, en una reunión especial.  Pero no utilizar la fiesta como la oportunidad de acordar negocios con los que se ven después de mucho tiempo, de cantar las cuarenta a un empleado en desacato, de comentarles a todos el ajuste necesario. Así, la celebración tomará causes más divertidos y más disfrutables, se vivirá mejor, y ayudará a alimentar la cultura organizacional y a mejorar el clima.
- De los excesos es difícil volver. Demasiado alcohol desinhibe pero también altera el juicio, complica los movimientos, y puede provocar conductas inapropiadas. Pero también es complejo volver de compromisos asumidos en el clima fiestero, de confesiones que luego se preferirá no haber hecho, de “alianzas” tejidas en torno a una mesa pero que resultará arduo sostener en la cotidianeidad del trabajo, o de bromas pesadas que se escaparon de las manos.
- Ser uno mismo es lo más relajado. Esto es vivir con naturalidad el evento, sentirse cómodo. No intentar vestirse de una manera especial, comportarse como se supone que los demás quieren que uno se comporte, o convertirse en un personaje que actúa.
- Hay temas complicados. Hablar de política, de religión, de preferencias sexuales, de creencias personales o de temas controvertidos puede transformar la fiesta en una contienda, polarizar la discusión entre dos o varios comprometidos interlocutores, generar conflictos. Tampoco es la cena de fin de año el lugar para ventilar chismes, hablar mal de los que no están o criticar en voz baja a los presentes.
- La fiesta tiene que ser una elección. Si la organización no está en condiciones de realizarla, es preferible comunicar esto  claramente y optar por realizar un brindis en la oficina, más acorde a la situación. Tampoco debe ser obligatoria la participación en la fiesta, y el enrolamiento debe ser convocante y general para todos.

Dentro de la oficina

Hay empresas en las que se organizan brindis, se decoran los ambientes y se desarrollan juegos. Para que esto realmente sea disfrutado por todos, hay que tener en cuenta:
- Cooperar desde la propia necesidad. No comprometerse a hacer algo que no podrá cumplirse, obligarse a hacer cosas que no le resultan cómodas o que no se condicen con el tiempo y los recursos de que se dispone. Si se comunica clara y directamente la voluntad de participar pero también lo que se está dispuesto a hacer, la interacción será más fluida y fácil.
- Consensuar los juegos. No a todos les gusta jugar y se logrará mayor participación si el juego se elige y no se impone. También si las reglas se acomodan para que sean justamente cómodas a todos. Es preferible definir antes de jugar, por ejemplo, el precio tope de los regalos del amigo invisible, las temáticas permitidas en las tarjetas del árbol, y otras reglas de este tipo, que intentar corregir después lo que ya está hecho.
- Incluir a todos. Si es brindis, tiene que contemplarse que hay gente que no bebe bebidas con alcohol. Si se decora la oficina hay que elegir elementos neutros o que refieran a las diferentes creencias. Si se determina un costo del evento, este tiene que poder ser  afrontado por todos. También comprender que las fiestas no se viven de igual manera y que hay personas que necesitan  ser  incluidas pero no forzadas a participar de una determinada forma.

 

Comentarios 

 
#1 BuenisimaYamila 20-12-2011 19:20
Que hermosa la columna! En la oficina la leimos y armamos un juego.
 

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