Por: Andrea Turchi
Cometer errores es de las cosas más atemorizantes al trabajar y relacionarse con otros. Es también de lo más normal.
Sin embargo, la falta de perspectiva en cuanto a las equivocaciones propias y ajenas suele convertirlas en tragos amargos, en ladrillos de una pared que separa de los demás, y en agujeros negros que absorben la energía, la creatividad y la realización de la tarea.
Los errores pueden ser la peor pesadilla para aquellos que están muy expuestos a la evaluación pública, para quienes no han desarrollado una autoestima equilibrada y para los que reconocer un error es poner en peligro una imagen construida laboriosamente.
n Perlas
Pero no frenan a las personas exitosas, a las que perseveran para lograr objetivos. A quienes están comprometidas con el hacer y lo disfrutan. Se transforman en espacios de aprendizaje, en anécdotas para contar, en perlas del mismo collar en el que se lucen los grandes desempeños.
¿Qué hace la diferencia?
Un tratamiento consciente del error, así como una consideración mucho más habilitante de quien se equivoca. El desarrollo de habilidades para convivir con las fallas, entre ellas:
- Manejar los rechazos. Desenganchar el propio valor, la autoestima, de las críticas, evaluaciones y comentarios de los demás. Dar la correcta magnitud que el error tiene por su implicancia en el trabajo. Reconocerlo y hacerse cargo de él, trabajando a partir de las miradas pertinentes, comprensivas y comprometidas. “Me volvía loco pensar que todos se iban a enterar que me había mandado una macana con ese equipo, pero se lo conté a mi jefe. Me explicó que eso tiene que ver con que soy nuevo, que ya me iba a acostumbrar e iría aprendiendo”.
- No echar culpas. Evitar la tentación de señalar al otro o a las circunstancias, de incluirlos en el problema, o de dejar que la autoría del error se disipe en una nube de malentendidos y explicaciones confusas. No hacerse cargo de lo hecho implica colocarse en el lugar de víctima, pero también evita el aprender, el comunicar claramente y el poder trabajar en la solución del problema y en la prevención de futuros errores.
- Ver al fallo como pasajero. Incluir a las equivocaciones como parte del proceso, como eventos momentáneos, que bien abordados pasarán pronto y no se repetirán.
- Soltar lo pasado. Considerar pasados a los errores que se cometieron en otro tiempo y otro lugar. Resentir viejos fallos es actualizarlos sin posibilidad de operar sobre ellos, pero dándoles poder sobre el aquí y ahora. Es más sano y mucho más operativo aprender de esas viejas circunstancias, redefinir abordajes y concentrarse en hacer mejor y más libremente, en el ahora. Para eso hace falta trabajar sobre el perdón, los juicios inhabilitantes y el apego a situaciones pasadas.
Errores
- Separar errores y errores. Hay fallas relativas a los primeros tiempos de un hacer, otras tienen que ver con la falta de capacitación, otras con la articulación entre puestos. Hay errores leídos así desde la diferencia de percepciones, devenidos de una comunicación ineficaz, motivados por procesos mal diseñados. Reconocerlos, analizarlos y comprometerse con el trabajo sobre ellos ayudará al desarrollo profesional, a mejorar el clima grupal y a hacer más operativa a la organización.
- Ponerse el sayo y sentirlo cómodo. Nadie dice que hay que hacerse cargo de errores ajenos, como una suerte de superhéroe de capa y gran corazón. Pero sí de los propios. Poder reconocer que uno se equivocó habilita el explicar, facilita la corrección, da un interlocutor presente a cualquiera que deba colaborar en el proceso. También aporta flexibilidad, conciencia de sí, apertura al aprendizaje.
Ley para las fallas
La Ley de Murphy explica, de forma cómica y mayoritariamente ficticia, los infortunios en todo tipo de ámbitos. Basada en el adagio “Si algo puede salir mal, saldrá mal”, aporta una actitud de resignación y burla ante el devenir de acontecimientos desfavorables.
Es atribuida a Edward A. Murphy Jr., un ingeniero que trabajó durante un breve período en experimentos con cohetes sobre rieles desarrollados por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en 1949.
Al parecer hubo un fallo en el cableado de sensores, y el experimento falló. Murphy, frustrado con su asistente, dijo «Si una persona tiene forma de cometer un error, lo hará». Otra versión cuenta que el comentario fue “Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culminará en desastre, alguien lo hará de esa manera».
De cualquier forma, la frase se hizo pública por primera vez durante una conferencia de prensa .El capitán John Stapp, a cargo de la experiencia con el cohete, explicó que se había evitado un accidente mayor porque se tomó en consideración la ley de Murphy. Luego citó la ley y dijo que en general significaba que era importante considerar todas las posibilidades antes de hacer una prueba.