El ex fiscal de la Comisión Provincial de la Memoria, Hugo Cañón, escribe en el diario Página 12, un artículo sobre el juez Baltasar Garzón. En 1978 Idelfonso Garzón creía que su hijo Baltasar pretendía “salirse de su sitio” porque quería ser juez.
Pensaba el padre que esos cargos eran para gente rica, con mucho poder. Pero la respuesta del hijo fue: “El poder lo lleva uno dentro”. Admitió Baltasar que se metería en gastos “y estaré la sopa boba sin ganar sueldo”, pero prometía anotar peseta a peseta gastada para devolverlos en su momento. El perfil del juez ya se definía, con su empeño, decisión, coraje, constancia y capacidad de superación. ¡Y fue juez!. Veinte años después, la baronesa Margaret Thatcher recibe en Londres a su amigo Augusto Pinochet, el general que ayudó a Inglaterra en la guerra de Malvinas. El general que tutelaba al ejército chileno después de su larga dictadura y sobre el cual pesaban las sombras de tantos muertos y desaparecidos, viajó invitado por la agencia estatal The Royal Ordenance, una empresa de fabricación de armas. Paso audaz el del general, porque el gobierno de Frei desaconsejó el viaje. El goce de la impunidad puede producir gestos atrevidos. Y si se le presentaban dificultades Al Kassar dijo a sus íntimos: “Yo corro con los gastos de su defensa con sumo gusto”.
El traficante serio, la baronesa y el general tenían negocios en común. Las denuncias contra el dictador existían en diversos sitios, pero faltaba quien se hiciera cargo de asumir la trascendente decisión de ordenar la detención del poderoso senador vitalicio.
Un juez en la soledad de una tarde de viernes emite la orden de detención por terrorismo, genocidio y tortura por crímenes en el contexto del Plan Cóndor, y esa noche Pinochet es detenido.
“Si un juez tiene miedo, que cuelgue la toga”, ha dicho Garzón, y sin duda que su trayectoria demuestra no sólo que no la colgó nunca, sino que siempre se la puso al hombro.
Muchos crímenes fueron insvestigados y abordados sin temor por un juez incansable y con una musculatura mental inapreciable.