En nota editorial de un diario de circulaciòn nacional, se aborda el problema de los jòvenes en el paìs, cuyas edades se ubican entre los 16 y los 24 años y la falta de oportunidades. Los acontecimientos econòmicos y polìticos –se expresa- caracterizados por la recesiòn, el desempleo, los severos problemas pendientes de decisiòn en países y continentes, seguidos por los movimientos de protesta desarrollados en el escenario europeo y en los Estados Unidos, han puesto de relieve la difìcil situaciòn que enfrentan particularmente los miembros de las nuevas generaciones.
Los movimientos juveniles de “indignados” convocaron la atenciòn general en muchos paìses del mundo occidental porque se han aplicado medidas de ajuste a costa de los que menos tienen y especialmente sobre los màs jòvenes, que encuentran cada vez menos un lugar en una sociedad que despilfarrò con total irresponsabilidad los recursos económicos acumulados durante décadas. No hay una explicació racional del porqué se llegó a los extremos de pasar de la prosperidad a la pobreza, y que esa pobreza se expanda por casi todo el continente europeo afectando al conjunto de la sociedad y al valor más preciado como es el trabajo.
Si trasladamos los sucesos externos a la realidad social de nuestro paí, se advierte un horizonte frustrante para un vasto sector de la poblaciónjuvenil, que debiera avanzar para constituirse en la dimensión activa del proceso productivo, que debería estar en pleno desarrollo. En primer lugar la desocupaciòn afecta al 25% de nuestros jòvenes. En segundo lugar, alrededor de un 50% logra empleo en condiciones informales, con caracter inestable, bajo sueldos, sin seguridad social. Y lo má grave es que las estadìsticas arrojan que hay 800.000 jóvenes que no trabajan ni estudian, lo que constituye un hecho que deberí preocupar profundamente a las autoridades y a la misma sociedad que se ve agredida en su parte más sensible que son las nuevas generaciones.