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Por: Juan Viñas Urquiza

De acuerdo a las políticas implementadas desde la administración K, en su noveno año de gobierno, no debemos esperar cambios en lo referente al sector agropecuario.
En consecuencia seguirán cerradas las exportaciones de trigo, maíz, carne y leche, continuando con la tónica de exportar excedentes en vez de producir para exportar. Ahora hemos agregado un nuevo elemento a nuestras regulaciones, la limitación de importaciones.
Si le sumamos el «corralito verde» que impide la compra de dólares en el mercado libre mediante un artilugio informático del que nadie sabe bajo que parámetros se rige, le agregamos una inflación en dólares del 20% anual, fruto de la diferencia entre la devaluación del peso y la inflación, nos da como resultado una pérdida de competitividad que va ir erosionando nuestros ingresos sin prisa pero sin pausa a lo largo del año.
Con la presencia del supersecretario de Comercio que a partir de ahora controla exportaciones, importaciones, estadísticas, etc., vamos seguro al fracaso, sobran los ejemplos: Carne para todos, pescado para todos, verduras para todos, pan para todos, INDEC para todos etc., todos planes que fracasaron y no dejaron de ser un lindo título para la tribuna.

Limitaciones

Al sector agropecuario el cierre o control de importaciones lo limita fuertemente en abastecimiento de insumos, no hay que olvidar que los fertilizantes fosforados son en su mayoría de origen importado.
Esta situación también la vivimos y se traduce en sobreprecios, menor uso de estos productos y al final menor producción. Menos producción es menos retenciones, menos impuestos internos, menos flete, menos trabajo, resumiendo más miseria.
No vamos a explicar uno por uno todos los insumos importados que utiliza el sector, pero lo importante es entender que dejar de importar implica menor producción y esto último significa menor exportación.
Aceptemos que el mundo es global y ninguna Nación puede producir todo lo que consume, lo compra, le agrega valor, lo transforma y lo vende. Este es el mercado y no hay que tenerle miedo. Los productores somos inocentes, siempre pensamos que las cosas van a cambiar. Nos parece imposible que nos aumenten retenciones o que suban impuestos municipales y provinciales
si estamos con una intensa sequía. Desconfiemos, los estados tienen problemas de financiamiento, durante el 2012 van por todo. Si hay restricción del crédito es porque la plata de los bancos oficiales se la están prestando al estado (casos Bapro y Nación) lo disimulan llevándose la plata a cambio de una letra o pagaré con una tasa de interés ridícula que remunera al propio Banco y lo termina pagando el cliente que tiene tasas de interés más caras en parte para sostener la operatoria del Banco.
Tenemos la mayor recaudación impositiva como % del PBI de la historia (40%) y no alcanza. Si los políticos que nos administran fueran empresarios estarían fundidos.

Inversiones

Nos preguntamos: ¿dónde está la inversión en infraestructura? ¿Qué se ha hecho en rutas? ¿ no debería la ruta 5 ser autopista? ¿Qué pasa con el agua en las ciudades del noroeste? ¿Qué pasa con las obras de canalización en la cuenca del
salado? ¿El interior es de segunda para el poder político? Estos y otros son temas importantes para el interior productivo.
Los ciudadanos siempre hemos sido los perjudicados por el fenomenal aumento del gasto público y su falta de financiamiento, de esto sabemos mucho los argentinos. Sucede cada 10 años, a veces algo más pero el final es anunciado.
La historia es sencilla: el país crece por un tiempo, los gobernantes se sienten irremplazables, para ganar elecciones generan aumentos del consumo, aumento desmesurado de los gastos del estado y no se sabe administrar ni gestionar los buenos momentos para poder paliar los malos.
Este 2012 me recuerda a la segunda etapa de Menem-Cavallo, año 1995, entramos en recesión muy suavemente parecía que no iba a durar y fuimos generando endeudamiento para sostener producciones que no eran rentables. En 1999 estábamos todos fuertemente endeudados. El estado y los ciudadanos.
El final todos lo conocen. Creo que empezamos un proceso parecido al 95, con pérdida de rentabilidad de manera lenta pero constante. Cuidado ¡Mucho cuidado! Sería bueno no tropezar dos veces con la misma piedra.

 

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